martes, 3 de julio de 2012

A ti, que cuidas de mis sueños...

¿Sabes? Desde que te mudaste han pasado muchas cosas por aquí.

Empecé con ese chico amigo tuyo con el que no te gustaba que tontease, dejé de teñirme de rubia y perdió sentido aquello de "burbujita", acabé la carrera que planeaba empezar cuando te conocí, cambié de coche (uno como el tuyo pero en versión actual), trabajé en varios sitios, seguí escuchando tus cds, terminé con aquél chico, seguí teniéndote presente cada vez que me decía que le gustaba mi voz, encontré otro trabajo, descubrí música que te habría encantado, fui a mil conciertos, cambié aquéllo que no me gustaba y que tú siempre decías que no era necesario, maduré, crecí, afronté nuevas situaciones, algunas, difíciles para mi... sufrí por muchas cosas y te eché de menos... también fui feliz por otras muchas y también te eché de menos.

Quise llamarte, pero nunca contestabas a mis mensajes.
Volví allí, pero no estabas...

A veces creo que eres un egoísta. Te necesité, te necesitaba, y hay días en que pienso que aún te necesito.

Eras mi amigo, eras un pilar en mi vida, sabías entenderme, aconsejarme y apoyarme, y, de la noche a la mañana... zas!! Decides que lo mejor es desaparecer.

Me recordaste que me querías. Me lo demostraste lo suficiente. Pero te fuiste, así, sin más, sin despedirte de mi, sin contarme a dónde ibas.
Creo que es lo único que no podré perdonarte nunca.

No te recordé que te quería. No te lo demostré lo suficiente.
Eso no podré perdonármelo nunca a mi...

Supongo que estamos en paz, o no, porque, una vez más, pierdo yo.

Sé que teniéndote a mi lado como el amigo que eras lo difícil sería más fácil.

¿Sabes qué es lo más bonito? Que no sólo te echo de menos cuando las cosas se ponen feas, sino que te echo de menos siempre, todos los días.

Quizás algún día volvamos a encontrarnos. Mientras tanto...
Sigue cuidando de mis sueños.





miércoles, 20 de junio de 2012

El caleidoscopio sigue girando, baby...

-¿A qué has venido? ¿Por qué vuelves? ¿Qué quieres?

Él se quedo en silencio un largo rato, y cuando por fin pudo articular palabra, sólo supo responder "No sé, no sé... no lo sé. Lo siento. No debí buscarte"

-No me digas "no sé". Quiero que te expreses.

-No me pidas que me exprese, porque no sabría hacerlo sin meter la pata.

-Bueno, no te preocupes, tranquilo...
¿Quieres un consejo? Sobrepónte al miedo, porque es sólo eso... miedo.
Da la oportunidad, y cuando tiembles, piensa que es sólo miedo lo que te hace mirar atrás y regresar aquí... Si fuera amor hubieses corrido a por ello cuando pudiste hacerlo.
Relájate, y, si no puedes, piensa que ella se va.
Recuerda que cuando estás con ella no quieres irte...
Y resiste, que el miedo se pasa... como el dolor de cabeza.


El caleidoscopio sigue girando, baby...


lunes, 4 de junio de 2012

De momentos... y una pizca de sal.


Hoy me acordé de destinos y casualidades. 
Esperad, disculpad, hablaré con propiedad: hoy se acordó de destinos y casualidades.

Alguien le dijo que las casualidades son las pistas que el destino nos va dejando, y se aferró a ello desde entonces.

Y yo me pregunto, ¿de qué está hecha la vida? ¿De qué pasta? ¿De destino? ¿De casualidad? ¿De todo y de nada?

Supongo que la vida está hecha, simplemente, de momentos. De momentos y una pizca de sal.

Si yo aparezco delante de ti en el momento en que tú necesitas lo que yo puedo ofrecerte (y viceversa)… entonces nuestro destino será, probablemente, juntos.

Yo siempre soy la misma persona. 
Tú también. 
Y tú. 
Y Tú. 
Y vosotros. 
Lo único que ocurre es que dependiendo del momento en que se encuentre nuestra vida, nos comportaremos de una manera u otra.

Una vez más… necesidades, contratos… relaciones.

Quizás no te trató bien no por ser cabrón, sino porque no era su momento.

Quizás no hay una persona perfecta para Ti, ni para Ti, ni para Mí ni tampoco para Él. Quizás hay sólo… un momento perfecto.

Creo que de esto ya he hablado alguna vez.

Creo que tengo que pintarme las uñas porque se me está estropeando el esmalte, y siempre me doy cuenta delante del teclado.

Creo que hay muchos Tú que podrían ser para mi; un Yo que podría ser para muchos Tús; un Él para muchas Ellas y un Ella para muchos Ellos…

Creo que me apetece cambiar de colonia. Y si me apetece es porque es mi momento de hacerlo… Y sólo yo entiendo lo que es para mí una colonia nueva.

Sólo tienes que cruzarte en mi camino cuando sea mi momento de reconocerte.
Sólo tengo que cruzarme en tu camino cuando sea tu momento de reconocerme.

Y es que a veces, sólo vemos lo que queremos ver, cuando estamos preparados para verlo…

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuando crees que me ves...


Hace tiempo que me planteo publicar esta entrada, así que, ¿por qué dejarlo para mañana?

Constantemente hay gente que llega a tu vida sin ningún motivo, que no te conoce de nada, que entra en tu mundo y dibuja lo que eres en base a lo que ve.

Es normal… cuando conoces a una persona, inevitablemente te llevas ciertas impresiones, juzgas, te creas ideas que luego serán ciertas o no, haces conjeturas sobre lo que fue o será su vida… y, la mayor parte de las veces, te equivocas.

Por aquí pasan cientos de ojos a la semana, que leen, que opinan, que sienten y comparten. No todos me conocen, de hecho, quienes me conocen son los menos.
Algunos entraron para quedarse, otros pasaron fugazmente por delante de mi puerta. Hubo quienes huyeron y quienes se detuvieron a descubrir lo que escondía.

Para mi un blog no es un cuaderno de bitácora, no es sacar a la luz cada una de mis opiniones o sentimientos, no es airear mi Yo, no es reflejar mi vida, no es explicaros mi mundo como un libro abierto…
Para mi un blog es entretenimiento, desahogo, relax, imparcialidad, comunicación, imaginación… y otras muchas cosas más.
Es crear un universo paralelo en el que puedo ser como yo quiera, decir lo que me dé la gana, ser correcta o no, caerte bien o parecerte gilipollas, proyectarte una imagen real o ficticia, hacerte creer que escribo para ti o que no lo hago… Para mi un blog no es nada más allá que un juego, un hobby, adoptar el rol que más me apetezca porque quiero, porque sí.

Un día empiezas a escribir cosas que te pasan, historias que te cuentan o momentos que ves, y resulta que la gente se siente identificada o disfruta leyendo y te pide más… y te animan a que te crees “uno de esos blogs que están tan de moda”.

Y así fue. Así empecé a inventar, a mezclar fantasía y realidad, sentimientos y papeles de personajes reales o no, reflexiones, tonterías, recuerdos, relatos, deseos, sinsentidos, coherencias (e incoherencias), vidas, mundos, sinfines…

Tú que me conoces sabes lo que hay de cierto a veces y si lo hay, intuyes lo que invento, sospechas cuando miento y me crees cuando exagero. 
Tu eres muchos “Tus”, y quizás ningún post vaya por Ti, ni por Ti, ni por Ti, y no… tampoco por Ti.

Sé hilar historias, sé entretenerme asumiendo roles que veo de cerca o sueño de lejos.

Disfruto. Disfruto cuando escribo. Disfruto cuando me lees y me dices que te gusta lo que lees. Disfruto cuando reflexionamos junt@s, cuando te aporto algo, por insignificante que sea.

Es… lo que es. Y ya está. No hay más. No es estúpido. No es un diario.
No os enseñaría mi vida jamás con tanta claridad a través de este cristal, de lo contrario… ¿qué me queda?

No soy lo que escribo. Soy... lo que soy.

lunes, 21 de mayo de 2012

Aquí o allí, en el norte o en el sur...


Cada vez que reviso borradores o encuentro algún tesoro me transporto a la isla en la que está escondido.
Este me trae a la mente tu imagen, sentado en aquellas escaleras de tu casita de Colchester, desayunando, o vigilando que no se quemara la tortilla de patata...
Las amistades se alejan, se enfrían... Nosotros ya estábamos lejos, pero siempre supimos que seguíamos ahí el uno para el otro.
A veces te echo de menos... 
Recuerda que aún tengo que dar el visto bueno a ese que elegiste y será tío de mis niños cuando seamos mayores...





Aquella mañana, sentado sobre la escalera sujetando un café hirviendo y un cigarro, se percató de que el mundo no había dejado de girar.

Fijó la vista en un punto y cerró los ojos. 
Nunca más volvería a abrirlos. 
No allí. No así.

Y siguió volando… hasta la mañana siguiente.

sábado, 19 de mayo de 2012

Someday...


Apenas sabía con certeza si lo que hacía era correcto, si los pasos que inventaba eran charcos o agujeros.

Volvió la cabeza, casi sin pensarlo.

Algún día...

...

Algún día.

jueves, 17 de mayo de 2012

A veces, cuando nadie mira...


-A veces te comportas como una cría…

-¡Y qué? ¿Y qué si digo tonterías? ¿Y qué si me fascinan las teorías de los niños de 4 años? ¿Y qué si me emocionan las pelis de Disney?

-No me refiero a eso, no es sólo eso… es… que no eres seria.

-¿Seria? ¿Que no soy seria? Define seria. 
¿No soy seria por pisar los charcos? ¿No soy seria por cruzar sin mirar? ¿Por no tomármelo todo a la tremenda? ¿Por tener siempre una sonrisa para alguien, aunque sea para quien me da cambio para sacar tabaco? ¿No soy seria por no vivir amargada y llevar la cara hasta el suelo como tú? Dime, ¿qué es ser serio? Dime, ¿por qué no soy seria?

-Da igual… déjalo. Es sólo que a veces te miro mientras lees, mientras sonríes cuando imaginas, mientras canturreas al maquillarte… y siento que no encajo en tu mundo de fantasía.

-¿Sabes? Yo no vivo en un mundo de fantasía porque crea que las libélulas son hadas y traen suerte. No vivo en un mundo de fantasía por ilusionarme con la cosa más pequeña. No vivo en un mundo de fantasía con toboganes de colores y en forma de arcoiris... 
Yo vivo en un mundo de papeleras azules y vallas que a veces ponen límites y barreras a los sueños, y la forma de decorar mi mundo es mía… 
Por supuesto que sé ser seria, ser “mayor”, ser adulta. Por supuesto que soy madura, y de sobra lo sabes. Por supuesto que sé tomar las decisiones adecuadas...
Sabes que no soy infantil. No me juzgues.

-No te juzgo, me pareces increíble, pero no creo que yo sea ni pueda ser como tú.

-No te confundas, yo no soy de ninguna manera, soy yo, no hay más. Punto. No se trata de ser o no ser, esa no es la cuestión, aunque Shakespeare se empeñara en hacer dudar tanto a Hamlet… 
Se trata de saber actuar en cada momento como corresponde, de saber qué modo debes activar. De ser serio cuando hay que serlo y divertido casi siempre. Se trata de no dejar que se duerma el niño que llevas dentro.

Será que no quiero crecer, o al menos no así. Será que pedí que me quitasen las cuatro muelas del juicio porque no quería tenerlo ni quería “ser mayor”. Será que no perdí el norte o que nunca lo tuve porque nací en el sur. Será que esto no es real. Será que lo que escribo tampoco lo es. Será lo que quieras que sea, pero al final es sólo que, a veces, cuando nadie mira, y sólo cuando nadie mira… también sé jugar a ser mayor.

lunes, 9 de abril de 2012

Paraguas amarillos

Puede que sea la primera vez en mucho tiempo que me cuesta enfrentarme a una hoja en blanco…
Quizás sea porque, como siempre, los pensamientos me apabullan el cerebro y no saben en qué forma salir…

Por lo general siempre fui de reírme a carcajadas pero también de llorar a mares… Hoy, ya no huele más a salitre.

A veces escribo cosas reales. Otras no.

Hay quien necesita estar triste para escribir, y hay quien necesita escribir para dormir. Hay quien escribe siempre, y hay quien no escribe nunca. Hay quien piensa horas y horas antes, hay quien borra la misma línea cientos de veces, y hay quien escribe sin pensar. Yo soy más de ese último tipo de personas: el que no piensa.
Siempre fui demasiado impulsiva y quizás eso se vea reflejado también aquí, como en la forma de conducir, ya sabréis por qué lo digo.

Desde que me subí al carro del Universo y el destino, desde que creo que hay algo que pone las cosas en su sitio y juega con los hilos que nos mueven, analizo menos las cosas, pero pienso que todo ocurre por una razón.
Yo no sé quién tiene la respuesta a todas mis preguntas, pero me encantaría que me enviara el libro guía.

En estos últimos meses he tomado decisiones que quería tomar, pero que han sido forzadas por circunstancias que se han ido dando en mi vida. Si no hubiese sido así, si no se hubiesen dado esas circunstancias, todos esos procesos se habrían retrasado, no habría tomado esas decisiones, y no habría hecho las cosas que quería hacer. 
¿Qué es eso? ¿Destino? Si alguien tiene la respuesta, que me cuente… Me fascinaría escuchar sus teorías.


Y cambiando de tercio y de botella, una persona que quiero mucho me dijo hace poco: “esas cosas hay que escucharlas”. Así que le hice caso y las escuché, les planté cara y las afronté. Como una valiente, porque no sé si os lo he contado, pero 2012 es mi “Año Valiente”.
Es el año en que he saltado, y, cuando no me he atrevido a saltar, ya se ha encargado alguien de empujarme (una vez más, ¿destino?). Es el año en que he valorado, en que no he sobrevalorado, el año en que he gritado, he reído, he llorado y no me he callado. El año valiente, sí. El Año Libélula.

No eras para mí, y no fui capaz de darme cuenta por mi misma, así que alguien tuvo que venir a despegarme de tu lado. Me empujaron, fuerte y lejos, pero el tiempo suavizaba y la brisa me acercaba. Seguías sin ser para mí, y yo seguía empeñada en que lo fueras. Y el problema era que tú, aun sabiéndolo, hacías lo mismo.

Cerré la puerta diez mil veces. Otras tantas lo hiciste tú. Pero nunca se sellaba.

Si me iba tú estirabas de la cuerda, aunque siempre lo negaste. No supimos liberarnos, pero ya no éramos medio y medio que sumaban uno, así que sin más, a la fuerza, algo vino que cerró la última rendija que quedaba en nuestra ventana… ¿Destino?

Yo no fui valiente, yo no me atreví… 2012 sí supo hacerlo por mi.

Hay personas que se confunden. Que confunden sinceridad con crueldad. Que confunden los principios y virtudes. Que confunden las buenas prácticas con la idílica teoría.
Ser buena persona no es ser la más sincera del mundo. Ser buena persona es “no doler”, decir las verdades con cuidado, de manera sutil, con miedo a hacer daño a ese que quisiste tanto tiempo, porque una persona importante, una persona a la que quieres, jamás, jamás, jamás, querrás hacerla llorar.

Hay formas y formas. Detalles que sobran. Palabras que hieren más y palabras que hieren menos.
Pero en mi nuevo pensamiento, en mi “carro del destino”, hay palabras que son jarros de agua fría, que espabilan, que despiertan, que giran el caleidoscopio.
Habrás hecho las cosas bien, a tu juicio, pero me doliste en el alma hasta el último momento, me rompiste en pedazos con cada adiós… porque lo que para algunos es ser sincero, para otros es ser cruel.

Y ahora sí lo digo, aunque a ti ya no te importe nada y para mí sea lo más importante en el mundo: me has liberado. Me he, me has, me han, nos hemos, o nos han… eso no lo sé, pero el fin es el mismo. Es dolor, pero es un dolor agridulce, esperanzador, vivo… Un dolor de los buenos, de los que cuando escuece curan.

Y lo que escribo será real o no. Habrá pasado o no. Será mi vida o quizás otra… pero lo que es cierto, lo que sí es cierto, es que hay gente que te hace “clic”, que cambia de color el cristal de tu ventana, haciendo que de repente, todos, todos los paraguas que pasan por la calle, se conviertan en amarillos.


 

lunes, 26 de marzo de 2012

Modo Niño: ON

A veces pienso que la gente infravalora el "modo niño" que todos llevamos dentro...

No sé si siempre pensé que simplificar es lo que hace la vida más fácil, o que acabaron por gustarme demasiado las mates.

Que te duele? Beso mágico.
Que te pega? Un abrazo.
Que te insulta? Un choca esos cinco!
Que tienes calor? Juega en la sombra.
Que quieres crecer? Come fruta.
Que "no te ajunta"? Juega con otro grupo de niños...

La pena más grande es perder un "gormiti", porque los amigos no se pierden y las novias no te dejan.

El lloro más profundo es porque se vuela un papel que en realidad era un avión de guerra que lanzaba misiles.


Las canciones que "más molan" son las que se olvidan al segundo, porque resulta que son inventadas, pero eso sí, con baile incluído!!


Te quieres casar conmigo? Claro! Aunque tengas otros diez novios.


Quiero decir... Y si activamos de vez en cuando nuestro modo niño como método infalible para resolver problemas?

-Que me han dicho que tú has dicho que él te dijo que yo dije y donde dije digo digo Diego... 
-No te preocupes colega, dame un abrazo, choca esos cinco y vamos a seguir brindando entre birras ;)

-Que has tenido un gesto que no me ha gustado y me ha dolido y no te hablo... 
-Lo siento tía, dame un abrazo y vámonos de compras!

-Que mi novio me ha dejado y me ha puesto los cuernos y ahora se pasea de la mano con una zorra!
-Baaahh! No "juegues" con él que es tonto, hazte novia de otro "niño"...

Que sí, que sí, que bien, que ya lo sé, que no es así de fácil ni sencillo, pero... no es cierto que, con el "modo niño: on", la vida se ve en otros colores?

No te enfades, y si tienes que enfadarte, hazlo, pero... simplifica!! Que dividir 1000/10 es lo mismo que dividir 100/1, y te has ahorrado 900 disgustos...

Cambia el chip, gira de vez en cuando tu caleidoscopio... dale al ON.

martes, 20 de marzo de 2012

El hombre del saco… existe.


De pequeños nos atormentan con la idea de que existen seres de inframundos que vendrán a por nosotros si nos portamos mal, nos meterán en un saco y nos llevarán a su universo oscuro; se nos volverán negros los dientes de comer muchos dulces y el Ratoncito Pérez no querrá saber nada de nosotros cuando se nos caigan; nos lavarán la boca con lejía y estropajos si decimos palabrotas, o se nos caerá la lengua a trozos; nos quedaremos sin lágrimas por llorar sin motivo; nos cortarán la mano por pegar al compañero; o nos colgarán de un pino si nos portamos mal… El oso comeniños y el monstruo de debajo de la cama atormentan nuestra infancia y nos producen pesadillas, sin nosotros encontrar modo alguno de solucionarlo.

Cuando crecemos y somos un poco más conscientes, dejamos de creernos esas leyendas urbanas, pero no se nos pasa por la cabeza la más mínima idea de que alguna pueda ser cierta.

Al  convertirnos en adultos, descubrimos que aquellas historias no iban tan desencaminadas, y que puede que sí exista un hombre del saco que no sea bueno como Papá Noël.

De hecho, en nuestra vida puede que nos encontremos con muchos “hombres del saco”.

Para mi, son esas personas que te aíslan de tu mundo, que te absorben, que te anulan, te manejan y resetean tu personalidad.

Evidentemente, hay personas con carisma y potencial para convertirse en “hombres del saco”, y hay otras personas que, precisamente por carecer de ello, son arrastradas a la penumbra del mundo de los primeros, al “sí buana” constante, al “todoportenertecontento”, al, en definitiva, convertirse en su muñeco de trapo.

Un hombre del saco puede ser, desde una madre autoritaria y posesiva, hasta un mejor amigo celoso, pasando por una pareja obsesivo-compulsiva, como, desde mi punto de vista, sucede en la mayor parte de los casos de relaciones entre hombres del saco y sus supuestos dominados.

No sé exactamente qué tipo de circunstancias o motivos convierten a una persona en sumisa, o dan tanto poder a otra para llenar su saco… Supongo que son caracteres, además de circunstancias personales y sociales, los ingredientes necesarios para que este fenómeno se produzca.

Para mi es triste, muy triste, ver como una persona cambia automáticamente de personalidad cuando hay otra delante que ejerce un poder sobre ella; ver como alguien abandona sus principios, sus aficiones, a sus seres queridos, sus aspiraciones, sus metas… para meterse en el saco de otra que dirige su vida.

Sí, señores, el hombre del saco existe y, por desgracia, es poderoso.
Aunque espera, para, reflexiona… ¿Quién es más culpable? ¿El dominante o el dominado? ¿Puede alguien ser metido en un saco contra su voluntad? Porque bien es cierto que si uno no quiere dos no se pelean, y, por mucho que a mi alguien me empujara a su saco, yo patalearía y daría mordiscos si hiciese falta con tal de no entrar ahí… Y es que volvemos a lo mismo: sería necesario analizar demasiados factores.

Seguro que todos conocemos a alguna persona que carga con un saco a sus espaldas. Probablemente venga disfrazada de Papá Noël y, disimuladamente y con toda su falsa dulzura, meta en su saco aquello que quiere sola y exclusivamente para sí.

Yo tengo varias en mente, pero en especial recuerdo a un hombre del saco, que no es hombre sino mujer, y no sabéis las ganas que tengo de perderla de vista…

sábado, 17 de marzo de 2012

Ni que te llamaras Oxígeno!

Había llegado temprano.
Esa mañana tenía cosas que hacer y madrugué más de la cuenta. Subí al coche, aparqué a la primera, y me sobró tiempo para pasar por el bar de enfrente a por un café para llevar.

Cuando entré en clase, ella ya estaba allí, sola, a oscuras, con las persianas bajadas (como de costumbre) y las luces apagadas.

-Buenos días. Llegas temprano. ¿Olvidaste que suspendimos la clase de primera hora? Me dijo.
-No. Apenas he encontrado tráfico y he aparcado a la primera. Y tú? Qué haces aquí? ¿Tan sola y a oscuras?
-Nada. No podía estar en casa. No he dormido nada esta noche y las paredes de mi cuarto se me echaban encima.
-Qué ha pasado? Pregunté. Puedes contármelo si quieres.
Y se desahogó escupiendo con todas sus ganas que su novio le había dejado. Así, sin más, sin explicación alguna, de la noche a la mañana, y de la peor manera que pudo hacerlo: a través de un whatsapp.

Tres años de relación que terminan con un whatsapp. A veces la realidad supera la ficción. ¿Dónde quedaron las conversaciones de horas y horas, cara a cara? ¿Los gestos de vergüenza y tonteo del principio en vivo y en directo? ¿Las carcajadas en voz alta y los besos de verdad?

Él, igual que sabía sustituir los besos y abrazos por X.O.X.O e iconos graciosos de colores, había aprendido cómo decir adiós  estando ya lejos.

Estaba dolida. Tenía 18 años y era la primera vez que le rompían el corazón, y, para más inri, lo hacían de esa manera.

Lloraba desconsolada porque no sabía qué sería de su vida. Pensaba que ya no podría estudiar, que le iría mal la Selectividad, que nadie en el mundo la querría como él...

Le habían enseñado a escribir con todas las tipografías posibles su nombre sobre estuches y carpetas, sobre mesas y paredes, y ahora él, la dejaba colgada.

Hablamos durante la hora y media que faltaba hasta su siguiente clase, y no dejó de llorar hasta los diez últimos minutos. Y es que, en esos diez últimos minutos pareció aprender la lección que durante tanto rato yo había estado intentando explicarle...

Nadie le enseñó a escribir, nadie le enseñó a leer cuando se trataba del lenguaje del corazón. Tuvo que aprender sola, y aprendió mal: donde ella siempre pensó que escribía "Oxígeno", simplemente ponía "Hugo", y sin Hugo se podía vivir y respirar... y había más Hugos en el mundo.



Y como te prometí, aquí tienes tu relato, para que nunca olvides que ya sabes leer; que ya sabes escribir... Y que tu corazón... te durará toda la vida...
por muchos "Hugos" que lo intenten romper.

miércoles, 7 de marzo de 2012

¿A qué huelen las cosas que no huelen?



"A qué huelen las nubes?"

Cuántas veces alguien, sin motivo ni razón, se habrá hecho esa pregunta, sin acordarse siquiera de que aquel que le dio la fama fue mi tan admirado publicista, ese del que suelo acordarme cada 28 días, y que no tiene ni puta idea de mujeres, como deja entrever en su famoso "me gusta ser mujer"... Pues ya le digo yo que a veces ¡¡no nos gusta tanto!!

Aunque bueno, hay que reconocer que, como eslógan para una marca de compresas, el tío no lo hizo del todo mal... ¬¬



Ya me estoy yendo por las ramas y acabo de empezar.

El día que consiga centrar toda mi atención en una sola cosa de las que esté haciendo, no quiero ni imaginarme lo que pasará...



Ya sabéis lo curioso que me resulta a mí esto de los olores... Que si huelo el culín de la botella de perfume y me vienen recuerdos de esa época que ni siquiera sabía que aún existían en mi subconsciente; que si algo huele a mono, a perro muerto (auque nunca haya olido a un mono ni a un perro muerto), a chamusquina, a quemado, a..., a..., a...



Pero quizás todo eso sea relativo. O subjetivo. No sé.

¿Cómo sabes que el de al lado ve el color rojo igual que tú? Quiero decir, tú ves algo rojo y sabes que es rojo, y él coincide en que también lo es pero, y si a lo que tú llamas rojo, él lo llama verde? Supongo que no me explico, o que no me entendéis... pero bueno, estoy acostumbrada...



Pues yo creo que con los olores ocurre algo similar.

¿Por qué algo que a mí me huele raro no resulta tan raro para otra persona?

Bueno, a ver, claro, es que esto es relativo, porque estamos hablando de olores en sentido figurado...



No sé si es intuición, o simplemente es ser observadora, pero no suelo equivocarme.



Hay gente a quien se le ve venir, de frente, de cara, y de la que intuyes en cada momento el comportamiento que va a tener. Como cuando estás cogiendo una rotonda en hora punta de tráfico y ves que la patosa de al lado se te va a cruzar sin poner el intermitente... Sí, es así! No sabes por qué, pero lo intuyes, y efectivamente... se te cruza. Suerte que estabas preparado.

Pero, qué ocurre cuando no se le ve venir? Cuando es alguien que de repente se da cuenta de que se ha equivocado de dirección e intenta solucionarlo invadiendo tu carril?? Pues ocurre que "Zas! En toda la boca!" Piñazo...

Piñazo que puede ser un piñazo, un tropiezo, o simplemente un pequeño roce que apenas deje señal, pero, al fin y al cabo, se trata de un percance.



Pues la vida viene a ser muchas veces similar a una rotonda. Estás en tu ceda el paso, esperando arrancar para entrar al ruedo y dar la vuelta hasta salir en la dirección correspondiente según tu destino. Los indecisos, los miedosos, estarán horas esperando, mientras el coche de atrás les pita porque no se atreven a salir y están creando un atasco tremendo.

Los atrevidos, los valientes, pensarán "esta es la mía", y meterán el morro, aunque estén viendo que de su izquierda viene otro coche rápido, confiando en un "ya reducirá, que si no no salgo nunca". Este tipo de conductores se arriesga a tener un accidente, a recibir un pitido, o a llevarse simplemente un susto.



Y es que cada cual conduce su coche en función de su destino, de la prisa que tenga por llegar, y de los pasajeros que lleve dentro. Es una comparación absurda, pero de ahí el "conduces como eres" que tantas veces me habréis escuchado decir.



Yo empecé hablando de "olores" y acabé hablando de rotondas, no sé cómo ni por qué... Y es que ese es mi día a día, un constante "patas arriba".

Intento conducirme en mi camino sin pensar, sin analizar, y luego soy la persona que más estudia cada acto, cada proceso y cada consecuencia, aunque lo de las consecuencias no lo lleve demasiado bien...

Me limito a darle a mi cuerpo lo que me pide, porque hace poco aprendí que sólo así se era feliz, pero el no tener en cuenta lo que ello conlleva también hace que luego duela más.



Me dejo engañar, cuando quiero, porque "a veces lo más inteligente es hacerse el tonto", pero también he descubierto que tengo fuerza para plantarme y decir "hasta aquí".

¿Por qué? Por qué hay situaciones que crees que no perdonarías en la vida y un día, de repente, ya no te importan? Volvemos a lo mismo... la ley de la búsqueda del beneficio en las relaciones. Quizás te beneficie más pasarlo por alto que alejarlo, quizás sea un proceso que tienes que pasar para "quitarte la espinita" y descubrir si sí o si no, quizás es un trampolín hacia otro estado... quizás, cuando estás hecho de cicatrices se te endurece el corazón, y ya no duele tanto...



Hay situaciones que "huelen raro", hay otras que duelen raro...

A mí cada vez me duelen menos y mi casa huele a gato.



Lo sé, soy rara. O no, quizás no.

domingo, 12 de febrero de 2012

No es por ti, es por mi.

No es por ti, es por mí, que no me soporto cuando estoy contigo.

Es por mí, que no aguanto saber de tu vida.

Es por mí, que estoy cansada de que juegues con mis hilos.

Por mi, que merezco mucho más que un “por ti”.

Es por él, que ya se quebró demasiado y bastante le costó recoger cada pedazo.

Es también por él, que se llevó todas las sobras metidas en un táper.

Es por hoy, que no me apetece nada más aparte de reírme a carcajadas.

Es por ellos, por todos esos días que permití que tú pintaras de gris.

Es por tu forma de adornarlo todo, que ya no brilla, sólo duele.

Es por mí, que no me queda cuerda en la garganta para más nudos…


Como ves, es verdad que no es por ti, porque nunca más habrá un “por ti” que te corresponda, porque nunca más habrá un “por ti” para ningún otro Ti.

Porque desde hace mucho, mucho tiempo… es por MI, que voy primero.

domingo, 5 de febrero de 2012

"Sólo he venido a decirte que San Valentín no existe..."

A veces me quedo parada, ensimismada, mirando, observando…
Al coche de al lado, al de detrás, por el retrovisor. Parejas que se besan en los semáforos. Parejas que discuten. Parejas que se regalan caricias y se dirigen miradas. Parejas que miran por la ventana, cada uno en una dirección.

Son parejas jóvenes, menos jóvenes, e incluso ancianas. Yo me embobo intentando saber dónde van, de dónde vienen, si son felices o no, por qué discuten, si harán las paces, si no serán pareja y serán hermanos, o simples compañeros de trabajo que comparten coche.

Algunas son adorables. Otras no tanto.

Ninguna canta a voz en grito la música que suena en su radio.

Y me pregunto… me pregunto si esas parejas se quieren, si se han querido, si se les ha acabado el amor o si es más fuerte que antes.

¿Es el amor fuerte para siempre? Espera, espera... ¿qué es “amor”? Porque aparte de ser una palabra rosa, ñoña y empalagosa, supongo que para cada persona tendrá una definición, unas pautas y hasta unas condiciones.

¿Es igual el amor de todas las personas? ¿Tenemos todos y cada uno de nosotros un punto débil capaz de tambalear nuestras relaciones? Un pasado, un futuro esperado, un platónico, una debilidad, un capricho… ¿lo tenemos todos? ¿O sólo algunos? Y quien lo tiene… ¿lo domina? ¿Es capaz de superarlo, de mantenerlo tan lejos como para q no le dañe? ¿O es una fuerza incontrolable que arrasa con todo a su paso? ¿Se olvida? ¿Se pasa? ¿O simplemente se aprende a vivir con ello?

Estas reflexiones me vienen de uno de los granitos de arena más importantes de mi vida… Y le respondo. No se cura, porque no es una enfermedad. No se pasa, pero acaba por irse de la mano con el tiempo. Mucha gente lo sufre, al menos una vez en su vida. Y eso no significa que no quiera lo que tiene, ni que vaya a dejar que eso otro lo destruya.

¿Sabes lo que creo yo que provoca temblores de piernas y baladas de corazones? Lo prohibido, lo desconocido, lo que creemos inalcanzable. Es simplemente esto: idealizar. A veces, cuando lo tienes, ya no te pone los pelos de punta, ya no te parece como era y ya no crees que será como pensabas que sería.
¿La solución? No dejes que se meta en tu vida. Que llame cuantas veces quiera, pero no le abras la puerta. Mira por la mirilla si quieres, obsérvale un rato, habla a través de la cadena… pero no le abras, porque la corriente que traiga consigo puede arrasar cuanto encuentre a su paso. Y si aun así se cuela… ¡salta por la ventana!
Sólo tienes que saber cerrar a tiempo, porque no es más que una película en el universo paralelo de tu vida... que te alienta, que te mantiene vivo, pero… pero que no es real.

Evidentemente cada uno es libre de llegar a sus interpretaciones, de llevarlo a su terreno, como supongo que yo he hecho hacia el mío.

Y no sé por qué hablo y hablo, y escribo y escribo, si yo no soy tú y a mí pocas veces me temblaron así las piernas.

Será porque hace frío.
Será porque San Valentín no existe.
Será porque de todas esas parejas, ninguna cantaba…

jueves, 26 de enero de 2012

Regreso al futuro... 27

No quería soplar velas este año, aún no sé bien por que... o bueno sí, sí lo sé, y también sé que nunca más será razón alguna para nada en absoluto, porque acabó por convertirse en la tontería más insignificante de este, mi universo.

Me voy por las ramas otra vez, para no perder la costumbre... claro que un día más de vida no creáis que cambia las cosas que están ahí desde siempre... Y es que sigo escribiendo "pro" en vez de "por" y "lso" en lugar de "los"... y volviendo atrás a corregir.

Mi caleidoscopio giró tan deprisa y con tantos colores en escasas 24 horas, que decidí escribirme a mí misma un decálogo para la futura Yo. Para que si algún día vuelvo a no querer soplar, pueda releerlo y recordar cuánto se equivocó la Yo de mis 26 en el salto a sus 27.

Por ello, por todo ello, ahí queda, para el recuerdo, para seguir enseñándome a mi misma cómo desaprendí a sobrevalorar, cómo aprendí a valorar.

Decálogo del buen cumpleañero:

1. No afirmes que será un día feo ni será un día gris, al menos hasta que termine, porque quizás no lo sea.

2. No quieras ser especial queriendo no ser especial, porque todo el mundo lo es en su día, y todo el mundo quiere serlo... Si tú no lo deseas, estás queriendo ser diferente... y nunca te gustó ser protagonista.

3. Sé que no te gusta ser un planeta, que prefieres los satélites, los papeles secundarios, pero déjate mimar hoy... sólo hoy.

4. Sigue aprendiendo, cada día. Da igual si es de errores, de cosas nuevas, de gente que ya estaba, de gente que llega, de gente que está por llegar... Da igual. Aprende!

5. Abre los ojos, que si no subes la persiana te perderás el sol de mediodía, el más bonito, el que más calienta.

6. Llora si tienes que hacerlo, pero ríete más fuerte, hasta que te duela la tripa, te hagas pis encima, o tengas agujetas.

7. Come tarta, sopla velas, y pide algún deseo pero.. No! No lo digas! Que si no no se cumple! Aunque tú siempre pensaste que cuando no se cumplía era cuando no lo contabas... De lo contrario, cómo iba a saber quien estuviese implicado en ese deseo cómo tenía que contribuir a ello?

8. Disfruta de las felicitaciones nuevas, añora las que ya no están, riñe un poco (pero poco) las que se olvidaron, y sobretodo, reparte besos, abrazos, agradece, transmite!! No te quedes con la sensación de que quien hace algo que te gusta no sabe que te gusta, de que quien te llena no se entera del hueco que llena, de que tus especiales no saben que lo son.

9. Sigue sin saber qué hacer cuando te canten "cumpleaños feliz"... Nadie lo sabe.

10. Sé que te gusta tener un rato delante los regalos, sin abrirlos, intentando adivinar qué son, de dónde vienen o quién los ha envuelto...
Sigue haciéndolo, sigue teniendo cada día delante y bien cerca los regalos más grandes que la vida te trae, desenvuélvelos poquito a poco, redescúbrelos, descúbrelos, conócelos... con cuidado... Sí, cuídalos, mímalos, disfrútalos... Porque al fin y al cabo, por muchos que cumplas, ellos serán quienes cada año te ayudarán a cumplir cada deseo que pidas cuando soples tus velas.

miércoles, 4 de enero de 2012

ME libero...

¿Cuántas veces hemos pensado que nos han liberado? Que por fin hemos dejado eso que nos ata atrás y empezamos de cero? Esa sensación de alivio, de sentirte una persona nueva, ilusionada, expectante, creyendo que todo puede pasar, que lo mejor está por llegar...
Y cuántas veces, a la hora de la verdad, nos hemos dado cuenta de que no era cierto?

Ya no necesito que me liberes, porque mi error fue pensar que era cosa tuya hacerlo.

Ya no necesito que me recuerdes que me quieres o que no lo haces.

Ya no necesito que dramatices para hacerme llorar y que todo parezca más bonito y duela más.

Ya no necesito que me reproches que no luché, porque tú tampoco lo hiciste.
¿Es que yo no merecía que luchases por mi? ¿Es que tenía que reconstruir yo sola lo que tú rompiste?

Ya no necesito más patadas en la tripa a cambio de vomitarte un "te quiero".

¿Sabes cuál fue nuestro error? No fue no pelear, ni abandonarnos, ni otras muchas cosas... Nuestro error fue darnos la oportunidad de echarnos mierda el uno al otro hasta quedarnos sin sangre, hasta hacernos inmunes, inertes...
Nuestro error fue utilizarnos como seguro, como anestesia, como vía de escape cuando el presente no nos gustaba.
Nuestro error fue creernos con derecho a privilegios en la vida del otro.
Por eso, por todo eso, dos ex nunca pueden ser amigos a corto plazo. Porque si lo que quieren es retomar su historia algún día, les resultará imposible hacerlo sobre cimientos carcomidos por rabia, rencor, y otras actitudes...

Ya no tengo los dedos fríos ni arena en los bolsillos, a pesar de ser 4 de enero.

Ya no me liberas tú, porque ahora... Ahora me libero yo.

Suerte en la aventura de tu vida, que yo, desde aquí, te recordaré siempre como uno de mis Amarillos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

En Navidad

A veces es invierno aunque no haga frío, puedo pensar aunque no tenga calientes los pies, comer sin hambre y despertarme con sueño; y esta vez, es navidad aunque no nieve, y aunque no haya un árbol con luces de colores en mi comedor.

En Navidad está permitido comer dulces sin que se nos caigan los dientes, hacer regalos sin tener dinero, echar de menos sin haber echado de más, llorar viendo un anuncio y regalar algún te quiero.

En Navidad la gente se felicita las fiestas, reparte besos de dos en dos, y algún abrazo; sonríe, se lleva bien con su kioskero y con la cajera de su supermercado, aguanta un poco más al vecino de arriba y pita un poco menos cuando el de delante no arranca y el semáforo está en verde.

Supongo que la Navidad es tiempo de "amor y felicidad", como nos enseñaron desde pequeños, y quizás la gente intenta arreglar en una semana los descosidos de todo un año.

Yo me paro a pensar qué personas me felicitarán este año la Navidad.

La gente entra y sale de tu vida constantemente, por razones conocidas o no.
Algunos se quedan un tiempo, otros, apenas un ratito, y otros lo hacen para siempre. También depende  a veces de cuánto les permitamos nosotros quedarse y de cuánto les mantengamos en nuestro recuerdo.

Creo que durante este último año ha venido a mi mundo gente que se va a quedar. Algunos ya estaban, pero ahora están más fuerte. Otros ni siquiera sabía que existían, y ahora son como una pequeñita familia que comparte historias en cualquier silla, lo mismo en una clase que al lado de la barra de un bar.

Por otra parte están los intocables, "los de casa, los de siempre", aquellos con quienes crecí y que me acompañan hasta hoy; aquéllas por quienes descubrí el valor de la amistad y que tienen un poquito de culpa de que sea como soy.

Quedan algunos que se fueron perdiendo por el camino pero dejaron huellas imborrables a su paso, éstos, para mí, fueron imprescindibles para llegar a mi Yo de hoy.

Otros también se perdieron, pero esta vez sin dejar señal alguna... aunque espera, ¿se perdieron? o les echamos/nos echaron de nuestras/sus vidas?

Y todavía están los que vendrán,  a quienes hoy no felicito pero felicitaré el año que viene, y a algunos nunca más, y a otros también al siguiente, y al siguiente, y al siguiente...

Porque vivir es esto, y, para todos: FELIZ NAVIDAD.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Hoy es uno de esos días...

Hoy es uno de esos días en que no sé por dónde empezar pero sé que tengo mucho que decir, uno de esos días en que borro una y mil veces la misma línea, y reescribo, y no me gusta, y cierro, y descanso, y abro, y leo...

Caminaba hacia casa con un kleenex en la mano, cuando un impulso reveló mi intención de tirarlo al suelo y, automáticamente, otro impulso encogió mi brazo y me dirigió a la papelera. No pensé nada, simplemente lo hice. ¿Será tan fuerte nuestro subconsciente como para guiarnos de tal modo y tener las conductas tan bien aprendidas? No sé si va o no por ahí la cosa... Cada vez me apetece más "tocar" mi carrera frustrada (Psicología)... Pero claro, es que ADE "tenía más salidas"...

El caso es que esto no era sobre lo que yo quería escribir, pero ya conocéis mi manía de irme por las ramas con cosas que no vienen a cuento...

Me encantaría que alguien me psicoanalizara. Creo que me ofreceré voluntaria para las prácticas de algún aspirante a psicólogo...

Hoy alguien muy importante para mi me ha dicho que aprendió que tu futuro te lo creas tú mismo, y que debes ser consecuente. Yo siempre estuve bastante de acuerdo con esa postura, pero últimamente empiezo a creer que sí existe algo que te lleva por un camino determinado. No sé bien qué es: si destino (aquello que yo siempre asumí que era una palabra inventada con el fin de eximirnos de responsabilidad a la hora de buscar culpables cuando algo no nos gustaba), falta de ganas, ausencia de motivación... no lo sé.

Toda la vida eligiendo caminos, y no siempre acabas siguiéndolos. Cambian tus ideales, tus necesidades, tus prioridades, o cualquier otro factor que te hace tirar hacia otro lado.

Hasta hoy vivía casi convencida de un determinado aspecto de mi vida... pero parece ser que el Universo tiene su plan, y si llega un momento en que te acercas demasiado a algo que no está planeado para ti, él mismo, como sea, evita que te quemes.

En los últimos dos años mi filosofía ha dado un giro de 180 grados, y he acabado por subirme al carro de los optimistas, al de "lo mejor está por llegar" al de "todo sucede por una razón"... sí, mirándolo por el otro lado, al carro de los cómodos, al carro del "destino". Y no sé si han sido hechos contundentes los que han girado mi caleidoscopio, o simplemente he sido yo, porque me resulta más beneficioso (volvemos a la teoría de la búsqueda del máximo beneficio... lo mire por donde lo mire, yo siempre lo veré todo así).

Pensé que podía avanzar, que había superado barreras, y supe que no era así cuando descubrí que no había dejado de buscar tus ojos en cada mirada.

Quizás algún día me entienda a mí misma, quizás algún día me entere de algo... o no, quizás no.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Hasta la mismísima... peineta!!

El día que la conocí un poquito más decidí escribir un post sobre ella.. Lo que pasa es que mi ajetreada vida y mi vecino de enfrente no me habían dejado tiempo para publicarlo.
Me disponía a ver un capítulo de Pretty little liars y a dormir plácidamente calentita, pero me he pasado por su blog y he encontrado algo que me ha hecho mucha gracia, así que me voy a adelantar y voy a publicar hoy lo que le escribí, en vez de dejar pasar unos días desde mi última entrada.

"Cuántas veces habéis estado hasta los mismísimos de algo, de alguien, de lo que sea...??


Yo estaba en una situación parecida. Se me cerraban los ojos porque empezaba a echar de menos mi dosis de cafeína diaria cuando de repente... iluminación!! "Trabajad en grupos" dijo la voz aburrida de fondo que me acompañaba durante las dos últimas horas...
Gracias!! Me has salvado, don profesor, o en breve habría dado un buen cabezazo sobre el escritorio.


No nos conocemos demasiado, más bien nada, pero entre comentarios y risas descubrí que yo no era la única persona que tenía un blog y le daba vergüenza hablar de él.


Ella, la chica sentada enfrente, es la típica que no pasa desapercibida en ningún grupo de gente. Es alguien a quien seguramente más de una vez llamaron loca, de esas que hacen gracias con gracia y cuyos comentarios son como aire fresco mientras se te cierran los ojos de aburrimiento a la hora de la siesta... Pues imaginad mi sorpresa cuando descubrí que se dedicaba ni más ni menos que... a hacer peinetas!!


Yo no sabía qué cara poner!! Me pareció algo súper chulo pero por otra parte me la imaginaba posando para su blog con una peineta a lo Lola Flores, intentando a la vez que se hacía ella misma la foto que no se le viese la cara, y me costaba asimilar de qué modo se dedicaría a fabricar tales "cacharros"...


No pienso desvelaros nada, porque quiero que lo veáis para que os quedéis igual de sorprendid@s que yo. Y es que sus peinetas son, como ella, aire fresco!!"


http://lamismisimapeineta.blogspot.com/



Y así, sin más, la vida te da una lección...

Salía a dar un paseo, como cada tarde de otoño, sin importarle la lluvia.

Esa misma mañana habíamos compartido el incómodo trayecto en ascensor hablando sobre el tiempo...
Había subido a cambiarse de chaqueta.

Llegaba tarde, pasada ya la hora del café, y cerró la puerta deprisa con el ronroneo de sus gatos de fondo.

No sé cuánto tiempo llevaba allí tirado, sangrando, cuando le encontraron en la misma puerta de aquel ascensor.

Eran las cinco de la tarde y Sebastián yacía inconsciente en el rellano, con la boca ensangrentada. Un vecino que se disponía a dar su otro paseo habitual le encontró fuera de sí, debatiéndose entre el suelo frío de su escalera y cualquier otro extraño lugar.

Seis policías nacionales, una ambulancia y un médico, diagnosticaron minutos más tarde un infarto cerebral leve.

Sebastián era un hombre de cincuenta y pocos años, separado y con dos hijos, que vivía únicamente en compañía de sus dos gatos.

Ese mismo día, a las once y media de la mañana, hablaba conmigo de un noviembre lluvioso, y seis horas después parecía haber perdido su vida.

Yo sólo puedo pensar en qué habría pasado si en lugar de caer en la puerta del ascensor hubiese caído en el suelo de su baño, o de su pasillo, o de su comedor, o de su cuarto...
¿Habría alguien notado su ausencia? ¿Se habría alguien percatado de algo? Y, lo más importante, ¿habrían llegado a tiempo?

Y estas historias en primera persona que no son ficción hacen que me plantee las cosas de otro modo. No tiraré la casa por la ventana, pero, desde luego, evitaré perderme cada momento de mi vida.

Yo no sé qué fue lo que hizo que Sebastián naciese de nuevo, no sé si fue eso que algunos llaman destino, si fue que "no era su momento", o simplemente fue una casualidad aliada con un golpe de suerte... Lo que sí sé es que éstas son las lecciones que nunca se olvidan, las que el universo nos manda con sus señales.

Y es por eso que hoy me paro y pienso: Vive, ama, disfruta.

martes, 11 de octubre de 2011

Chuches, pelis, y paredes de colores.

Hacía tiempo que aprendía a disfrutar de sí misma, de su soledad.

En un pasado no muy lejano habría llorado al pensar que vivía lo que vivía como lo vivía, pero ahora no, ya no. ¿Se estaba haciendo fuerte? No sabía lo que era, pero algo estaba cambiando.

¿Quién no ha imaginado la típica escena de una pareja pintando su casa? Yo te mancho con la brocha, tú con el rodillo, nos peleamos, jugueteamos, tonteamos, nos besamos... Evidentemente, eso era mucho más interesante y apetecible que pegarse el palizón de turno pintando sola toda su casa, y que acabar con una alergia infinita a los disolventes y a la pintura de imprimación... Pero ya no le importaba. 
No se había dado cuenta hasta ese momento de que había superado barreras, de que estaba creciendo, de que su corazón era fuerte y su cabeza independiente.
Prefería elegir los colores de cada pared a su gusto, escribir en ellas, pintar encima, bailar como una loca rodillo en mano con la música altísima de fondo, sin importar que el vecino se quejase o la vecina asomase disimuladamente la cabeza por la ventana de la cocina para cotillear.

Había aprendido que las noches de pelis y chuches también eran geniales sin un hombro sobre el que quedarse dormida o sin un brazo al que hacer cosquillas. Podía ver pelis moñas sin tener que ver después una de sangre y patadas, podía dar cuantas cabezadas quisiera sin que nadie se quejara, y tenía toooodos los tiburones negros (sus preferidos) de la bolsa para ella sola.
Claro que también había contras, y es que babearse su propio brazo mientras dormía era bastante más incómodo que babear uno ajeno...

Vivir sola se había convertido en un reto que jamás pensó querer cumplir sin alguien a su lado. Pero hoy estaba encantada de convivir con su propio "Yo" y se moría de ganas por disfrutar de cada segundo.

No, no habría cambiado hacer todo lo anterior con una media naranja, un medio limón o una media lechuga, por hacerlo ella sola, pero el gran paso era que hacerlo sola ya no le importaba, y hasta le gustaba. 

Estaba aprendiendo a descubrir el placer de las pequeñas cosas, y estaba contenta. Contenta porque, sin darse cuenta, por fin estaba preparada para quedarse sin respiración, para que sus rodillas, otra vez, volviesen a temblar cuando fuese el momento.

Por ahora, seguía feliz, sin ninguna prisa, decorando su nuevo espacio en su mente y en la realidad, y soñando con esas paredes de colores...

Descubriéndose a sí misma...

Avanzando sin pensar.

miércoles, 5 de octubre de 2011

De miradas ajenas y cristales de colores.

En ocasiones, haciendo limpieza de cajones y corazón, encuentras cosas como ésta, que te demuestran una vez más que el color sólo depende del cristal por el que miras.
Hay cristales fríos, oscuros, rotos, opacos, feos... pero también hay cristales de colores. Por eso a mi me gusta tanto girar el caleidoscopio...


"Cuando alguien se refería de esa forma hacia ella, ella siempre contestaba: "define loca".
Al final iba incluso hasta a creérselo.

Tonta sí, porque tonterías sí tenía, ¿ves? De esas que la hacían especial, muchas. 
Gracias con gracia y sin gracia. 
Salidas de tono, pero también mucha vergüenza demasiadas veces.
Su sonrisa: siempre. Sonrisas que "son-risas", porque ella siempre se reía de todo.


Hablaba sin parar, generalmente cuando estaba nerviosa. Mucho y muy rápido. Tanto que a veces llegaba a bombardearte no imaginas hasta qué punto. Pero casi siempre era interesante escucharla. Aunque más de una vez se hacía un lío porque su cabeza pensaba con más rapidez de la que la velocidad de su lengua podía permitirle, y acababa enredándose, repitiéndose, y diciendo cosas sin sentido. Pero cuando no estaba nerviosa, hasta sus silencios resultaban cómodos.

Había aprendido a vivir con cada latido, y eso estaba bien, pero más de una vez le trajo problemas.


Divertida. 
Ingeniosa como pocas chicas vi. Era capaz de coger cada una de mis coñas de humor inteligente al vuelo.
Con una vida interior que poca gente comprendía y que la hacía tan interesante, tan auténtica.


A menudo me hacía enfadar porque le gustaba que le riñese. Siempre necesitó una figura autoritaria que de vez en cuando le salpicase con algo de seriedad.


¿Desvirtuada? Ella decía que sí, y yo pensaba: "apasionada".


Con memoria de elefante igual que su "trompita", de la que siempre se quejaba pero que yo veía perfecta. Inteligente, musical, con una voz tan peculiar que me encantaba.
Se volvía loca cantando en el coche, y le daba igual que en los semáforos el resto de conductores la mirasen perplejos.


Ponía corazón en todo lo que hacía, otra de las cosas que le dio más de un problema.


Borde: la que más.


Defectos, muchos.


Una mala leche increíble. Tanto que cuando se enfadaba amenazaba con convertirse en "el humo negro" de "Lost".


Insegura, tímida, caminaba siempre altiva y mirando al frente, dando la sensación de ser engreída, pero era todo lo contrario.


Sencilla...


Llorona casi siempre y débil en ocasiones.


Contradictoria. Veleta. Camaleónica. Fugaz.




Que había perdido el norte lo escuchó más de una vez.. pero ella siempre contestaba que quizás lo perdió cuando le sacaron las muelas del juicio.. o quizás jamás lo tuvo porque nació en el sur.


Te preguntarás por qué la describo en pasado. No lo sé, supongo que queda más bonito. O tal vez después de tanto tiempo ya no es la misma de antes... Yo ya no lo sé. Pero no lo creo, porque para mí es de esas personas que, para bien o para mal, jamás perderá su esencia."

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un recuerdo, un tesoro.

Sin pensar en cómo ni por qué, simplemente por instinto, se levantó, cogió la puerta y se fue.
Salió en pijama y sin abrigo, y ni siquiera el frío de la ciudad le hizo percatarse de sus rarezas.
Llevaba una chapa colgada al cuello con una inscripción grabada. No recordaba por qué, ni si le gustaba, si la había comprado o era un regalo especial.
Los años habían pasado, envejeciendo su alma y dejando aquellas arrugas en su piel.
Sin darse cuenta, daba vueltas a la misma manzana una y otra vez, guiada por la inercia, como un molinillo de viento que gira sin parar.
El ruido de sus tripas hizo que parase en aquel escaparate de la panadería. Pero estaba cerrada, era de madrugada.
Y allí, reflejada en el cristal, iluminada por la luz tenue de una farola y adornada por las gotas de lluvia que acariciaban su pelo, se quedó parada un instante, inerte, perpleja. Y al ver su reflejo, la chapa que brillaba en su cuello llamó su atención. La miró y leyó un nombre, una dirección y un teléfono. Y en un momento de lucidez fue consciente de que alguien le había robado todos sus recuerdos. Derramó una lágrima, pero sólo una, porque al instante, ya no consiguió recordar por qué lloraba...







Imaginad qué sería de nosotros si no tuviésemos recuerdos...

Imagina que un día te despiertas y eres incapaz de recordar. Tu mente está en blanco, "deleted", no sabes, no conoces, no te explicas cómo has llegado ahí.

Los recuerdos nos hacen como somos. Las experiencias se graban en nuestra memoria, junto con los sentimientos, y nos moldean, y nos guían.

Sabemos lo que tenemos, lo que queremos y hacia dónde vamos gracias a los recuerdos.

Hay recuerdos que nos hacen felices, y otros que nos entristecen.
Recuerdos que nos hacen querer volver y recuerdos que nos hacen huir.

Recuerdas aquélla canción? Báilala otra vez...

Imaginad la sensación de mirar una foto vuestra y no ver más que a desconocidos.

Imaginad no recordar nada al percibir de nuevo un olor, al ver aquella escena conmovedora, al escuchar una melodía...

Imaginad vivir con la mente en blanco.

Y no sólo es triste por todo cuanto se pierde. Yo intento ponerme en la piel de una persona con alzheimer y creo que es una de las peores enfermedades. No sólo porque te roba algo tan valioso como los recuerdos, sino por todo lo que provoca... desorientación, impotencia... miedo.

Muchas veces no somos conscientes del valor de las cosas.

No debería hacer falta "crear" un día mundial contra algo para querer implicarnos y colaborar con la causa.
"Más de 100 millones de personas podrían perder sus recuerdos en 2050 si la investigación no avanza".

El alzheimer arrebata vidas, y quedarse sin vida es una forma de morir.

Cien millones de personas con tesoros perdidos sin mapas de islas para poder encontrarlos.

Porque un recuerdo... es un tesoro.

sábado, 17 de septiembre de 2011

A cada cerdo le llega su San Martín.


Vetusta siempre tienen algo interesante que decir. Esta vez me acuerdo del principio de una de sus canciones del último disco: "De niño escuché: si no veis nada volved hacia atrás, tomad distancia"
El mejor consejo que me dieron hace unos meses fue que no mirase atrás ni para coger impulso; pero atrás hay que mirar, según se mire...
No para que tu pasado interfiera en tu futuro, sino para ver cómo avanzamos y estar orgullosos de ello. 
El mundo gira a veces demasiado deprisa, las cosas cambian de manera radical en pocos meses, incluso en semanas o días... Por eso a mí me gusta mirar atrás, y ver cómo voy dejando huellas en el camino, y ver cómo hay gente que sigue conmigo...

y ver cómo hay gente que no.

Pero sobre todo me gusta porque las cosas con distancia se ven de otra manera, y nada es como te pareció, y nada te parece como fue.

Por eso hoy,  porque ya no me parece como fue, recupero, de entre mis notas, esta:



Te portaste mal. Eras una princesa y te portaste mal.

Pensabas que no habría consecuencias, que todo era un juego en el que podías mover las fichas a tu antojo...
¿De verdad te lo creíste?

Ahora mírate... todo ha acabado, y estás aquí, fría, inerte, viendo pasar la vida ante tus ojos, incapaz de decidir, de avanzar, de moverte... estática ante un mundo que gira.

Esperas temerosa a que se fragüe tu castigo, atenta a cada signo del destino, esperando que sea una de sus represalias pero...
Abre los ojos. Tu castigo lleva en marcha mucho tiempo ya, y es el más lento y doloroso de cuantos pudiste imaginar.

No eres inerte. Sientes y padeces... Y te has enamorado.
Estás enamorada de la persona equivocada, la que te arruinará la vida, y eres incapaz de olvidarle.
Si te dejas caer en sus brazos, vivirás el futuro que jamás quisiste; y si no lo haces, no podrás avanzar, porque no sacarás de tu cabeza la sensación de que con él tu vida habría sido idílica.

Y así fue, como el amor pasó de crimen a castigo, como distorsionó la realidad para hacerte sufrir de cualquiera de las maneras, como te cegó para darte la peor de las condenas...

Sí, eres desdichada, pero, ¿qué esperabas? ¿irte de rositas?

Siento ser yo quien te lo diga, bonita, y es que...
a cada cerdo le llega su San Martín.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Me gusta un chico que no me hace caso.

A veces, cuando no me apetece escribir, releo notas de hace tiempo, y me entretengo pensando por qué actué como actué, dije lo que dije y callé lo que callé... Hay veces en que las cosas cambian mucho en poco tiempo, y otras en que siguen igual por muchos años.
Yo, últimamente, soy experta en disfrazarme de veleta, y en girar 180 grados en menos de 180 horas...






¿Me gusta un chico que no me hace caso?
¿O me gusta un chico porque no me hace caso?

Al final todo se reduce a lo mismo: ambición.

En el mundo existen muchos tipos de personas, pero hoy concretamente, sólo me interesan dos: conformistas e inconformistas.

El conformista se acomoda, no tiene aspiraciones más allá de las que pueda alcanzar con su mínimo esfuerzo, es lineal, pasa desapercibido, no lucha, se rinde con facilidad...
Sí: se conforma.

El inconformista...
El inconformista se esfuerza, no entiende de obstáculos ni barreras, nunca tiene suficiente, lucha, es ambicioso...

Influyen en todo esto infinitos factores más, pero ni soy socióloga, ni psicóloga, ni tengo todo el espacio o tiempo del mundo para irme por las ramas más de lo que lo hago habitualmente...

Si tuviese que meterme a mí misma en un saco, creo que sería en el del inconformismo.
Es lo difícil aquéllo que me llama la atención, nunca nada me parece perfecto, siempre se puede pedir más, querer más, aspirar a más... Y eso siempre, y digo siempre, resulta ser un problema a corto plazo.
Sin embargo, por qué tantas veces me conformo con migajas? Por qué las cosas fáciles pierden todo su interés? Será ambición? Superación? O simplemente una cuestión de "química"?
Supongo que ese es otro tema y se merece otra nota.

La ambición es una virtud, o, más bien, una ventaja competitiva, pero en ocasiones trae problemas.

Para mi esto es también relacionable con el grado de ignorancia de cada uno. Quién es más feliz? El ignorante? O el espabilado que capta cada mínimo detalle a la primera?
Desde mi experiencia sólo se me ocurre ahora mismo una cosa: "bendita ignorancia"...
Sí, a mí muchas veces me gustaría ser más ignorante, señores.

Qué es preferible? Marear? Estar mareado? O dejar que te mareen? Sinceramente creo que cualquiera de las tres actitudes se reduce a lo mismo: gente inconformista, cuyo presente, o cuyas expectativas de futuro, no les convencen porque no les llenan.
Gente buscando vías de escape.

Y es que al final todo desemboca en una cosa en concreto: el miedo.
Miedo al rechazo, miedo a equivocarse, miedo a lo desconocido, a la incertidumbre... Miedo a la lucha.

Yo seguiré llevándome mis hostias, pero siempre serán después de haber bajado la cuesta con más pendiente del Dragon Khan, esa en la que tienes que chillar para soltar adrenalina porque si no te ahogas.

Seguiré llorando y rompiéndome en mil trocitos cada vez que me caiga, pero también seguiré levantándome rápido y con fuerza, riéndome a carcajada limpia hasta hacerme pis encima o tener agujetas en la tripa.

Seguiré siendo imprecisa, veleta, impulsiva, camaleónica y soñadora.

Seguiré dando más de lo que recibo, soñando más de lo que duermo, hablando más de lo que callo y sincerándome más de lo que debo.

Seguiré escribiendo notas sin pies ni cabeza, y si me quitas el pc lo haré desde el iPhone aunque me escuezan los ojos.

Seguiré quejándome de vicio...

Seguiré pensando en ti, porque no pude ser ignorante como quise, ni pude mantener mi barrera como debí, pero ese "pensar en ti" ya cada vez lo haré más de vez en cuando...

Es lo que tiene el inconformismo, que "pica", que motiva... Pero que te permite abandonar cuando menos te lo esperas, de la noche a la mañana, en el momento en que tu cabeza hace "clic" y tu cuerpo te pide más.
Es entonces, en ese punto de inflexión, cuando todo pasa... Porque todo pasa.

Yo sé que me encapricho con facilidad, y meeec, error!!
Eso sí, también sé que sé alejarme con facilidad si la cosa se pone fea.
Volvemos a mi punto de partida de siempre: la búsqueda del máximo beneficio; y en cuestión de relaciones, esto no iba a ser menos.

Y es que sólo hay una pregunta para un ambicioso: ¿dónde está el límite?

Allá cada uno con su respuesta...